El miércoles 4 de julio de 1973 un pasajero de avión sacó una escopeta calibre 16, de dos caños recortados, sujeto por dos bandoleras de 60 cápsulas que le cruzaban doblemente el pecho; secuestró una nave de Aerolíneas Argentinas en Buenos Aires, con 15 pasajeros y siete tripulantes, y exigió que lo llevaran a Cuba.

En el vuelo estaba Dardo Oscar Nofal, periodista de LA GACETA, quien vivió 13 horas de angustia y pudo dialogar prolongadamente con el secuestrador, que permitió que seis personas, incluido Nofal, descendieran en Lima.

Nofal llegó a Tucumán el jueves 5 y fue recibido en el aeropuerto por su esposa, Berta, su hijo Sebastián, el secretario de LA GACETA, Harry García Hamilton y Fernando Malmierca. Ese día Nofal escribió un largo texto contando la odisea con el secuestrador, Basilio José Mazó, quien fue llevado a Cuba y se quedó allí mucho tiempo. Basilio tenía un poncho, una boina blanca con la estrella roja de cinco puntas y había llevado la escopeta escondida en el poncho. “No me explico cómo me dejaron pasar sin palparme”, le dijo a Nofal. Desalojó las tres primeras filas del avión y ordenó la lectura de una proclama: “El comando Pedro Bonet ha tomado este avión. Exigimos como rescate, de parte de Aerolíneas Argentinas, 200.000 dólares para el Hospital de Niños de Buenos Aires y 100.000 para combatir el mal de los rastrojos”. Después, para que se comprendieran bien sus intenciones, según dijo, permitió que bajaran los seis pasajeros en Lima, entre ellos, Nofal.

En el vuelo estaban el comandante de la tripulación, Eduardo Dursi, el fotógrafo Rodolfo Lobianco y el redactor Roberto Vacca, de la revista “Siete días”, y el doctor Gregorio Sale, interventor de Difusión Cultural. El comandante Dursi acató la orden. Dijo: “más vale un cobarde vivo que 100 valientes muertos” y pidió serenidad: “que todo llegue a buen término”.

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Dos días después, el avión fue traído de Cuba. El sábado 7 regresó el doctor Sale, quien le contó a Nofal que “la escopeta estaba trabada”.